Es el ADN del país. Punto. No son solo piedras y agua, es su identidad pura y una naturaleza que te deja la boca abierta. Hay sitios que te quitan el aliento, como el Geirangerfjord. Es Patrimonio de la Humanidad y con razón. Esos paredones de mil cuatrocientos metros te hacen sentir como una hormiga insignificante. Si te metes en un crucero fiordos noruegos, vas a flipar con las Siete Hermanas, que son unas cascadas que caen con una fuerza increíble al vacío. Y las granjas ahí arriba, colgadas de un hilo donde no debería haber nada. ¿Cómo vive la gente ahí? Ni idea. Es un sitio donde el mar y la nieve se dan la mano. Con suerte ves una ballena pequeña o un águila vigilando el cotarro desde las nubes.
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