Bergen. No busques más. Es la jefa absoluta y la base de todo. Tiene tren, aviones y las casitas de madera de Bryggen que son de postal. De ahí saltas al Sognefjord en un periquete. Si quieres subir al famoso púlpito de piedra, vete a Stavanger. Ålesund es otra maravilla, toda llena de edificios Art Nouveau y pegada al Geirangerfjord. Para luces en el cielo, tira para Tromsø sin pensarlo. Y si buscas paz de verdad, quédate en un pueblito como Flåm o Balestrand. Despertar allí, con el agua a dos metros y las montañas rodeándote, es otra historia. Te cambia el humor para bien. Muchos viajeros optan por un crucero fiordos noruegos que conecta estos destinos de forma cómoda y espectacular.
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