Imagínate un hachazo gigante en la tierra. Eso es un fiordo. Antiguamente, unos hielos gordísimos, moles de kilómetros de espesor, se dedicaron a rascar el suelo como si no hubiera un mañana y fabricaron valles en forma de U. La presión fue tan bestia que el fondo acabó hundido por debajo del nivel del mar. Mucho más abajo. Cuando el calorcito llegó hace doce mil años y el hielo se piró, el océano entró a saco y lo inundó todo. Lo gracioso de este asunto es que la entrada suele ser un poco más alta. ¿Por qué? Pues porque el glaciar soltaba toda la porquería de piedras y arena al llegar al mar. En el Sognefjord bajas a mil trescientos metros, una locura, pero en la boca del fiordo el suelo sube de golpe y casi puedes tocarlo. Si te interesa verlos de cerca, un crucero fiordos noruegos es la mejor manera de experimentar estas maravillas geológicas.
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